lunes, 21 de septiembre de 2009

El legado de Rufino



“Nunca corrí con un solo zapato, pero esa vez lo hice, porque en esta vida
todo se puede si uno quiere y pone todo de sí”.

 Rufino Chavez Condori nos dejo hoy, 18 de Septiembre de 2009. Su última participación internacional, fue en el Mundial de Lathi donde participo en la prueba de 10K Marcha Atletica. Nuestro sencillo homenaje es recordarlo tal como fue en vida y esta nota reciente, nos parece apropiada para quedarnos con la imagen sencilla de un grande. Actualmente presidia la Asociacion de los Master de Bolivia.




Texto: Jorge Quispe
Diario La Razon (Bolivia) febrero 2009

A menos de una hora para recibir el Año Nuevo de 1990, cerca de 20 mil atletas salieron disparados por las calles de Sao Paulo, en Brasil. Entre ellos, un competidor corría con una zapatilla en la mano. “No podía pararme y por eso corrí los ocho kilómetros con un zapato”, cuenta Rufino Chávez Condori que, a sus 62 años, se alista para el Mundial de Finlandia en julio.
Él es un hombre de retos. Por eso no le importaba correr siete kilómetros diarios desde Viacha, donde estudiaba, hasta su pueblo en Achica Arriba. Conoce muy bien Sudamérica y Europa. El 2008 obtuvo el tricampeonato sudamericano y ostenta un récord en la región, pero tiene una asignatura pendiente.
“Quisiera dejar algo a los niños y jóvenes de mi pueblo. Por eso sueño con mi Escuela de Fondistas y Marchistas en Achica Arriba”, desea Rufino mientras da de comer a sus gatos, Misiño y Gringo, en su casa de la avenida Juan Pablo II, en El Alto.
Trofeos, medallas, recortes de periódicos, fotos y recuerdos de los países visitados copan su apacible sala. Ya son las 8.00, pero Rufino se levantó para entrenar a 15 minutos de las 5.00

Un mejor amigo que ladra
Vikela tiene dos años y ya corrió en una maratón. El perro no sólo es su mejor amigo, es también un atleta. “Todas las mañanas entreno con Vikela. Con él vamos a la carretera hacia Oruro, subimos a Chacaltaya o bajamos hacia el lago de Achocalla”, explica mientras acaricia a su mascota y a los dos pequeños gatos.
Rufino despierta cuando aún es de noche. Saca las zapatillas, se pone un rompevientos, una gorra y llena de agua una pequeña cantimplora. Se persigna y después, ya en la calle, empieza a trotar. Los lunes recorre 15 kilómetros, los martes series de 300 y 400 metros, el miércoles hace ruta de ocho a 10 kilómetros, los jueves están dedicados a la velocidad con pruebas de 100 a 50 metros, el viernes corre 5 kilómetros y el sábado, el más exigente, con 20 a 25 kilómetros recorridos.
El además presidente de la Asociación Nacional de Atletas Masters de Bolivia era futbolista de joven. Eran los tiempos en los que jugaba hasta cinco partidos en un domingo, pero una noche fue seducido por el atletismo.
“Era 1975. Mi liga de Santiago II organizó un cuadrangular de fútbol con una carrera de antorchas. Sorprendentemente, yo gané la competencia. Luego, trabajando en la empresa Inmetal, llegó la invitación para una media maratón y ahí terminé tercero”.
Sin saber, Rufino se había convertido en un fondista. “Claro, cuando era niño ya me estaba entrenando en largas distancias”, suelta. Sin embargo, Rufino se lamenta por la edad en la que el atletismo tocó su puerta. “Yo ya tenía 28 años en 1975, pero aún así, dos años después fui parte de la selección boliviana en los Juegos Bolivarianos”.
Mientras habla de sus inicios, Rufino devora metro a metro la distancia y siempre manteniendo un paso corto, pero sostenido. Pasa la plaza Mariscal José Ballivián en Alto Lima (El Alto) y la calle conduce al ex cementerio, desde donde irá hasta el Chacaltaya. “Corro de principio a fin, por eso esto se llama resistencia”, explica dentro de un buzo deportivo negro, una camiseta amarilla y azul de la Corporación Andina de Fomento (CAF), que ahora apoya al experimentado atleta.
Su diminuto cuerpo se mueve con agilidad, sube cuestas, baja pendientes, mueve los brazos... es como una máquina. En la vida cotidiana, Rufino trabaja en la Dirección de Deportes de la Alcaldía de El Alto. Le gustan Los Kjarkas, un año bailó de moreno en Kohoni, en las faldas del Illimani, y su debilidad es el chairo que le cocina su esposa.
La alimentación es vital en su vida. Rufino come tallarín con algo de pollo, verduras, lagua con choclo, avena y toma bebidas de quinua con manzana, pito de cañawa y mucha agua. De este líquido se llevó dos y hasta tres litros a sus viajes a Italia, Inglaterra, España, Alemania y Australia.
Han pasado 50 minutos de intenso entrenamiento. Toma un poco de agua, pero no baja el ritmo. Sus zapatillas se hunden en la tierra blanda y negra en medio de pajonales. Rufino usa cinco diferentes zapatos deportivos. Un par para la media maratón, otro para pruebas callejeras, otro para pista, uno distinto para el cross country y otro para competencias de velocidad. Cada par cuesta entre 80 y 100 dólares.

Correr entre las nubes
Rufino es un especialista en el ascenso. “Quizá me pasen en velocidad en campo abierto, pero cuando hay subidas, les paso a todos. Ahí recupero tiempo”.
El panorama es desolador al subir el Chacaltaya: donde ayer hubo nieve, hoy sólo hay piedras y cascajo. “Al menos una vez al mes siempre vengo al Chacaltaya, porque aquí adquieres mucha fuerza”, sostiene el hombre que exhibe la vitalidad de un veinteañero. Una saludable condición física es lo que cultivó desde niño, por eso nunca se enfermó. “A lo mucho, pesqué un resfrío”.
Sobre los 5.300 metros sobre el nivel del mar, falta oxígeno y hay poca nieve. La sensación térmica hace que la temperatura no pase de los tres grados centígrados. En el fondo, Rufino desafía metro a metro, con la misma vitalidad con la que una hora y media antes había comenzado.
Llega al refugio, hace una pausa y efectúa unos ejercicios de elongación muscular. “Siempre hay que aflojar los músculos, sino te puede dar un calambre”.
De regreso a casa, el ritmo baja, pero aun así es intenso. Cerca de las 11.30, su esposa le espera con un fortificante desayuno para él y Vikela. Es el momento del descanso y de los sueños.
“Estamos preparando el proyecto de la Escuela de Fondistas y Marchistas, espero que el Gobierno pueda ayudarme, porque cuando yo salgo a correr fuera del país, no dicen Rufino Chávez, dicen ‘el boliviano’”.
El centro de formación será para niños desde los ocho años; después, a partir de los 12 y 13 años, empezará a instruirles en la técnica y las especialidades.
Y para quienes quieren saber qué pasó con Rufino en la prueba de San Silvestre, en Brasil, después de correr con una sola zapatilla, terminó la competencia y la red O Globo le hizo además una nota especial al final.
El atleta master califica aquel momento como inolvidable. “Nunca corrí con un solo zapato, pero esa vez lo hice, porque en esta vida todo se puede si uno quiere y pone todo de sí”. La escuela de atletismo es el próximo reto.

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